miércoles, 6 de mayo de 2015

HENNING MANKELL: LA QUINTA MUJER


                                                      El escritor sueco
   
     El género policial siempre me ha llamado la atención. Me gusta ver películas y series de televisión basados en casos de la vida real en los que los detectives desarrollan la investigación hasta encontrar al culpable para que la Justicia lo castigue, pues los crímenes jamás deben quedar impunes. Y me encanta leer, por supuesto, a los escritores que siguen este género policial: Arthur Conan Doyle, Agatha Christie, George Simenon y tantos otros que desvelan mi sueño. Quizás este gusto por las historias policiales tiene su origen,  cuando en mi infancia, mi tío Ango -abogado, y juez en una oportunidad- nos reunía a sus hijos y sobrinos para relatarnos  estas fascinantes historias de suspenso.

      Siempre han existido este tipo de literatura, pero en los últimos años he visto surgir una serie de autores suecos que le dan realce al género negro. Entre los que he leído hace poco se cuentan: Stieg Larsson, Asa Larsson y Henning Winkel. Imaginaba que en Suecia, por ser un país muy organizado, el índice de criminalidad no era tan alto como en otros países del hemisferio. Craso error. Por más que las redes nos informen de lo que ocurre en el mundo, pienso que  uno sólo se percata de lo que sucede en su propio país o en entornos  más próximos, más cercanos.

  El primer libro que  me hizo comprender mi error fue "Los hombres que no amaban a las mujeres, de Stieg Larsson, donde el crimen y la corrupción financiera pululan como en cualquier  otra parte del globo. Luego leí Aurora Boreal de Asa Larsson, en el que su historia da cuenta de sucesos horripilantes. Todos ellos obedecen a los pecados capitales que comete la Humanidad desde que ésta existe.  Ahora sumo a mi experiencia en la lectura de la literatura negra sueca, a Henning Mankell con su última novela "LA QUINTA MUJER". Este libro me atrapó desde el principio. Su estilo fluído, natural y de tremenda acción, lo encontré estupendo. 

     Creo que vale la pena transcribir aquí  el comentario que de LA QUINTA MUJER hace la editorial Quinteto en la contraportada del libro. Dice así:


     "La placidez habitual de la ciudad sueca de Ystad se ve rota cuando, con cierto intervalo de tiempo, tres hombres aparecen salvajemente asesinados. Las víctima llevaban una vida apacible y tranquila, dedicadas a la ornitología, el cultivo de orquídeas y la poesía, lo cual hace aún más incomprensible el casi insoportable sadismo de que han sido objeto. Durante la investigación del caso, Wallander - un detective vulnerable y con aires de antihéroe- descubre que no sólo debe enfrentarse a un asesino de temible inteligencia, sino que éste parece guiarse por un sanguinario y turbio deseo de venganza. Cuando Wallander cree estar por fin tras la buena pista, una serie de atroces descubrimientos en el pasado de las víctima provoca un inesperado vuelco en la investigación."


      Yo sólo puedo agregar que sus 635 páginas me atraparon desde la primera, por lo bien estructurado de la trama. El estilo de Mankel me fascinó. Creo que sus frases telegráficas se avienen con exactitud a un libro de suspenso. También pienso que las repeticiones del nombre del protagonista, en este caso, son válidas. Es como un juego de fútbol, en el que la celeridad de la acción permite nombrar una y otra vez a quien tira o recibe la pelota. De igual forma, a mi modo de ver, así la acción pasa en el libro, de un detective a otro. Los diálogos, abundantes, ayudan al avance de la trama, permitiendo que el café que se ha traído para acompañar la lectura, se enfríe sin más,  casi sin haberlo tocado.


     ¿Y quién es Henning Mankell? 



     He tomado también del libro "LA QUINTA MUJER", los datos biográficos del autor sueco que informa lo siguiente:



"Biografía



Henning Mankel nació en Estocolmo, Suecia, en 1948.

Inició su carrera literaria en los años setenta como dramaturgo. Es autor de cerca de veinte novelas, a las que hay que sumar obras de teatro y narraciones infantiles. Pero lo que sin duda se ha convertido en el autor sueco de referencia es la serie protagonizada por el inspector Wallander , en la que destacan las novelas: Asesinos sin rostro (1991), convertida en una miniserie televisiva de cuatro episodios, considerada la mejor historia policíaca del año por la Academia Sueca de Novela Negra y galardonada con el premio escandinavo LLave de Cristal; Los perros de Riga (1991); llevada al cine y la televisión, La leona blanca (1993), La falsa pista (1995) y La quinta mujer (1996). Henning Mankell es desde hace años uno de los escritores suecos contemporáneos más admirados en su país, y se ha convertido en poco tiempo enuno de los más leídos en toda Europa. Aparte de los libros arriba mencionados, es autor también de Comedia infantil, una extraordinaria novela, ajena por completo al género negro que forma parte de una "serie africana", ambientada en Mozambique, ciudad donde el autor dirige el Teatro Nacional".


     Si, como a mí, les atrae el género policíaco y el estilo de Henning Mankel, pues le invito a leer sus libros. Yo, por mi parte,  trataré de continuar haciéndolo.


Caracas, enero de 2015.
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domingo, 8 de marzo de 2015

HAIKUS PARA UN SUEÑO HERMOSO





                                   Lovers-by-Marc Chagall



                                            Te vi en sueños:

                                        Viniste de otros mundos
                                            en mi ayuda.



                                            A despejar las

                                       vías pedregosas que
                                            a mis pies hieren.



                                            Para aliviar

                                      mi largo sufrimiento
                                            por Venezuela.



                                          Tu pecho amplio 

                                       y cálido corazón
                                          me confortaron.



                                          Me abrazaste

                                      con la fuerza del amor,
                                          hombre moreno,



                                         que me mostraste

                                      por vez primera allá
                                         en esa isla



                                         de luna grande

                                      y tan hermosa como
                                         tu alma noble.



                                         Iluminaste

                                      mi vida con destellos
                                        que aún brillan.



                                         Jamás se irán;

                                      forman parte de mí y
                                         y de mi historia.



                                         Tú no partirás,

                                      pues tu alma habita
                                         mi propia alma.



                                         Sí, moras en mí,

                                      en el zafiro azul,
                                         en mi alianza.





Caracas, 1o. de marzo de 2015 

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sábado, 17 de enero de 2015

MI LLANTO POR VENEZUELA


     Hoy, al llegar a mi casa, no pude más y me eché a llorar. Venía de pasar casi todo un día en la calle, realizando diligencias en el banco y yendo de un supermercado a otro. En éstos no encontré lo que buscaba, y lo que había -y que antes compraba a precios asequibles- hoy la inflación los hace prohibitivos.

     Pero todo sucedió así. Esta mañana temprano, acompañé a  una de mis hermanas a un banco en Las Mercedes. Estacionamos el carro al frente de esa entidad y yo me quedé fuera del automóvil por medidas de seguridad y para vigilarlo. Como había mucho sol fui a refugiarme bajo una matica de mango, que si bien era baja, su sombra me protegía. Llevaba apenas unos minutos allí, cuando vi pasar corriendo a un hombre por la acera. Las piernas  casi las pegaba a las nalgas, mientras se escuchaban gritos de "¡AGARRENLO, AGARRENLO!"



     En ese momento me escondí tras la mata como pude. Sentí escalofríos, pues pensé que  se producirían disparos. Demás está decir que hoy en día casi todos los hampones van armados en Caracas. Me imaginé en medio de una balacera  con la sola protección de la matica de mango. Gracias a Dios no fue así y el ladrón y los policías se perdieron en sentido contrario al tráfico de la calle. Creo que lo apresaron, porque había poca distancia entre el ladrón y los policías.  Sólo se que mi ritmo cardíaco no disminuyó sino mucho rato después, cuando mi hermana salió del banco y luego nos dirigimos al Centro Comercial Concresa , donde íbamos a  pagar los servicios.

     Después  de almorzar allí nos fuimos al  Supermercado Excelsior Gama de Santa Fe, donde el ambiente me produjo una gran tristeza. Había llegado la leche y la gente hacía cola para comprarla. Sentí un gran cansancio de ver la misma atmósfera enrarecida que he visto desde hace más de un año. Las caras preocupadas -entre ellas, la mía- buscando rubros inútilmente, por los pasillos con los anaqueles vacíos y paradójicamente llenos de carritos casi vacíos en otra cola para pagar. Meses atrás podía tomar fotos de ellos para ilustrar mis crónicas del blog, pero ahora está prohibido hacerlo, so pena de que te detengan.

     Hace algunos años era un placer ir de compras allí. Un verdadero relax. Las hermosas interpretaciones en el piano, ejecutadas por el Oscar Maggi, - ya lamentablemente fallecido- se dejaban escuchar por todo el supermercado. Muchas veces nos parábamos junto a él para verlo tocar. Y también el pianista nos complacía cuando le solicitábamos alguna melodía de nuestra preferencia. Luego, aplaudíamos y continuábamos tranquilos con nuestras compras en aquellos tiempos a precios todavía asequibles. Pero esa atmósfera grata hace más de un año que  ha cambiado. En los últimos meses la gerencia del Gama  ha tratado de volver a poner el ambiente musical, e incluso un pianista algunas veces hace acto de presencia y trata sin lograrlo, distraer nuestras angustiados espíritus.

    Como en otras muchas oportunidades, esta tarde mi hermana y yo salimos del automercado con las manos vacías, pues no encontramos lo que buscábamos, y si  lo hallábamos, a precios impagables. Y en ese eterno peregrinar cotidiano llegamos al Central Madeirense de La Alameda. También allí todo respiraba desolación. La  gente se llevaba dos frascos de champú por persona y desodorantes  sólo para hombres, pues no había para damas. La leche, me contaron, había llegado y las interminables filas de gente desesperada, habían cargado con ella.

     Ya en la cola para pagar, comentábamos -la gente siempre lo hace hermanada en estos momentos difíciles- las vicisitudes que cada uno atraviesa  en su vida como si fuera un largo calvario, bajo el nefasto desgobierno de seres incapaces, ineptos y corruptos. Entonces, una joven nos contó que tenía una niñita de dos años y medio, y que, como no se encontraban pañales ni en las farmacias, ni en los supermercados para su hija, le estaba enseñando a hacer pipí en el baño, para poder guardar los pocos  que le quedaban para utilizarlos durante la noche. Al mismo tiempo lamentaba la situación de las pobres madres que tenían bebés  y carecían de pañales, pues las necesidades de sus hijos eran mayores, debido a que el cambio de pañales de un lactante se hace mínimo siete veces al día.
Foto: MPG



  Todo esto sucede en Venezuela, cuando quien destroza la vida de sus habitantes con políticas económicas equivocadas y calcadas de las cubanas, anda en gira por el mundo con todo su séquito oficialista, con el objetivo, según él "de elevar los precios del petróleo, visitando Rusia, China, Argelia, los países miembros y no miembros de la OPEP como México, además de  realizar un toque técnico en Portugal antes de su regreso a Venezuela. Y, por si fuera poco, en su periplo de casi dos semanas por el globo, le acompañó toda su larga familia, pero en viaje de turismo. Las fotos de la parentela del presidente Nicolás Maduro en viaje de placer -mientras el pueblo venezolano pasa hambre-, se han publicado en los diarios venezolanos, extranjeros y en las redes sociales.

















     Por eso lloré y aún lo hago: de impotencia, de rabia y de dolor al ver a mi Venezuela destrozada por culpa de quienes no les importa el hambre de los venezolanos ni su salud, y en cambio, disfrazan su ineptitud  con falsos negocios y disfrutan de su propia bonanza y placer con  cientos de miles de divisas que se les niega a todo un pueblo. ¡POR ESO LLORO!

Caracas, 16 de enero de 2015.
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viernes, 12 de diciembre de 2014

HAIKU DE LAS PLEGARIAS DE AÑO NUEVO

                           


                                 
                                        
                                            No tengo plata
                                         y tampoco comida.
                                           Ni seguridad.
                                           
                                           Falta la leche.
                                        ¡Dios! los medicamentos
                                           ya no existen.

                                           La inflación
                                        derriba mis puertas
                                          y me atrapa.

                                          Marcan mis brazos 

                                        cuando yo quiero comprar
                                          mis alimentos.



                                           No soy la res

                                        del feroz matadero:
                                           ¡Soy persona!

                                           ¿Sobreviviré?

                                        No con los socialistas
                                           de la cúpula
                                        
                                         roja, rojita
                                       ineficiente, mala
                                         del Desgobierno.



                                      

                                          Surges, renuncia,

                                       como solución vital
                                          a los problemas

                                          que nos afligen

                                       y martirizan siempre.
                                         ¡Infierno rojo!




                                                  Cuando protesto

                                              callan mi boca, y mi
                                                 cuerpo apresan.

                                                Que venga pronto

                                             el castigo Divino
                                                para la maldad.

                                                Basta, penurias,

                                            mi grito alzo a Dios.
                                               Justicia pido.



                                            Bienestar también

                                         para todo mi pueblo 
                                            en Venezuela;

                                            y Prosperidad

                                        en este Año Nuevo
                                           de Dos Mil Quince.

                                            No nos olvides,

                                      Señor  nuestro del Cielo.
                                           ¡Agradecidos!






Caracas, 12 de diciembre de 2014


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viernes, 7 de noviembre de 2014

EL HOMBRE TRISTE



   "... él permanece en la misma posición, cabizbajo, ..."


     El bullicio de la gente a mediodía me aturde y los precios que veo en las vitrinas no se si me asustan o deprimen. Es posible que los dos hagan estragos en mí. Nunca en mi vida he visto galopar la inflación  con tanta velocidad como en estos últimos meses del año. Los árboles de navidad que exhiben varias de las tiendas del centro comercial, tratan de alegrar con sus luces, sin lograrlo, los meses pre navideños.  El ambiente festivo que se veía y se sentía hace casi dos décadas para esperar la navidad, ya desde septiembre con fiestas y gaitas, quedó enterrado en el cementerio de nuestra memoria. Continúo mi recorrido llena de nostalgia al recordarlo. 

     Para hacer tiempo hasta mi cita médica a las dos de la tarde, entro a la cafetería de Beco, en el Centro Comercial Ciudad Tamanaco y pido un pastelito y un café. Me siento a una mesa ubicada en el único rincón que hay en el local, especie de trinchera entre juguetes. Mientras espero a que me los preparen, veo un lindo parabán de madera  tallada, que ubico al instante entre mi comedor y mi salón de la derecha. Siempre me contenta pensar que, aunque mi apartamento no es grande, he jugado un poco con el espacio y tengo ¡dos salones! El del lado izquierdo no requiere ningún separador, me digo al observarlo y sonrío, pues toda esta decoración no es más que mental. Mi presupuesto navideño  jamás alcanzaría para lujos asiáticos, europeos o criollos de esta naturaleza, en la Venezuela que vivimos, y mucho menos -para mí-, en la Caracas que habito.

     Ya está listo mi café y han calentado mi pastelito, por lo que la chica, desde el mostrador, me hace señas de que pase a retirarlos. En cuanto me siento de nuevo a mi mesa, dispuesta a disfrutar de mi refrigerio, veo que a la de al lado se ha sentado un hombre de edad mediana, justo al frente del parabán tallado de mis sueños.

     Noto que el hombre baja la cabeza. Luce ensimismado. La mano derecha, de dedos muy largos, reposa sobre la superficie del mueble y me llama la atención, que mientras ya yo casi he terminado de comer y de tomar mi café, él permanece, casi en la misma posición de hace rato, cabizbajo, y sin ordenar ni siquiera, un vaso de agua.

     "Qué hombre tan triste", pienso. Me intriga su rigidez. La mano derecha continúa estática y los ojos semicerrados. "Quizás ha tomado alguna medicina que lo mantiene soñoliento", continúo pensando. No sería raro que yo pudiera tener razón al pensarlo, pues la semana pasada en la iglesia, a mi lado estaba una señora que seguía la misa a duras penas, pues se dormía a ratos y parecía que de pronto se desplomaba en mi hombro, durante el sermón. Así que mis sospechas con mi vecino de mesa, no parecían infundadas. Continué observándolo de soslayo, pero seguía casi igual, pues apenas si había movido la mano derecha sobre la mesa.  Observé sus ojos con mucho disimulo y vi que no se le cerraban, los mantenía bajos, pero abiertos. Entonces imaginé que si no era alguna medicina que lo tenía en ese estado pensativo, seguro que habría tenido un problema doméstico con su mujer o con sus hijos. Tampoco se podía descartar una preocupación de trabajo, pero pensé que se trataría más bien de lo primero, pues el trabajo no penetra nuestra alma tanto como los sentimientos. Son preocupaciones muy diferentes que pueden causar tristeza, pero no como las del corazón.

     Entonces di un vistazo a mi reloj pulsera y la hora me indicó que debía darme prisa si quería salir temprano de la clínica, pues las citas médicas eran por orden de llegada. Después de todo, los problemas que viviera mi vecino de mesa no eran de mi incumbencia y, como tenía que resolver los míos, decidí marcharme. Cuando di la vuelta a la mesa para salir, mi curiosidad me sugirió que, con mucha sutileza viera, una vez más antes de salir, al vecino acongojado. Y así lo hice. Pero fue en esa oportunidad cuando, sin más ambages, me detuve en seco para observarlo de frente.

     El hombre triste que durante un buen rato se volvió  el objeto de mi preocupación, se encontraba absorto mirando su teléfono celular que reposaba sobre su muslo derecho, mientras lo manejaba con la  misma habilidad de un adolescente, utilizando sólo ¡La mano izquierda!







Caracas, octubre de 2014 

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 Saludos, amigos.


S

jueves, 23 de octubre de 2014

HAIKUS DEL VENDAVAL Y EL RAYO

                                    blogdoisraelbatista.blogspot.com

                                                    Miro las nubes
                                                oscuras del vendaval
                                                    y siento miedo.

                                                   Ya la tormenta
                                               amenaza, como él.
                                                  Los dos son crueles.

                                                  Viene la lluvia;
                                              se esconde el astro
                                                  tras la montaña.

                                                  Cruje el trueno 
                                              con rabia y agrede
                                                  la tierra triste

                                                  que no espera 
                                              su brusca iracundia.
                                                  No la comprende.

                                                  ¿Acaso ella
                                             le negó sus relieves
                                                 por un capricho?

                                                 Los vientos soplan 
                                            y el Olimpo lanza
                                                 rayos, centellas

                                                 hacia el globo.
                                            Sus heridas son grandes,
                                                 hondas, profundas.

                                                 Viene la lluvia,
                                            el vendaval ataca;
                                                 grita el trueno.

                                                 Cae un rayo
                                           y parte mi corazón.
                                                 ¡En un instante!




Caracas, 21 de octubre de 2014 







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