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jueves, 7 de enero de 2016

LA METAMORFOSIS




      Lo que a continuación voy a narrar no tiene nada que ver con el libro "La Metaformosis" de Franz Kafka, en el que el comerciante en telas, Gregor Samsa, se convirtió de un día para  el otro en un monstruoso insecto. Esa fue una mutación escalofriante. El cambio, la transformación a la que me refiero, mucho más agradable, la experimenté hace un mes, el 6D por la noche, cuando luego de trabajar todo el día como testigo en una de las mesas de las Elecciones Parlamentarias en el Colegio Médico, me dispuse a descansar en mi casa.   Yo estaba casi convencida de que al regresar, cuando prendiera el televisor, vería y escucharía a Tibisay Lucena, por enésima vez, cantando la victoria oficialista en las elecciones, desde el odioso balcón del Consejo Supremo Electoral (CNE).                                                                                                                 
      Como no quise escuchar malas noticias, a pesar de tener la casi certeza del triunfo de la Oposición, luego de enterarme de los primeros cómputos, apagué el televisor y me fui a la cama muy cansada del trabajo de la jornada. Los cohetes y los gritos de mis vecinos de Las Trinitarias y La Alameda me despertaron y convencieron  de que las palabras que decía Tibisay Lucena esta vez, eran otras: el triunfo era nuestro, de la Oposición. No podía creerlo: nuestra pesadilla de diecisiete años, había llegado a su fin al lograr mayoría absoluta en la Asamblea Nacional. 

    Todo el año 2015 viví, como todos los venezolanos, momentos difíciles producto del modelo económico fallido aplicado por el desgobierno de Nicolás Maduro al pueblo de Venezuela. La cúpula chavista -intocable- jamás conoció las amarguras de la escasez, de la casi hiperinflación, de las colas siniestras a las que por no hacerlas ni sufrirlas, Jacqueline Farías tuvo el tupé de llamarlas "sabrosas". Y así se los dijo a las pobres personas que se achicharraban, formándolas, bajo el sol inclemente. No se si llamar a esta representante del régimen, hipócrita o cínica. Creo que los dos adjetivos le quedan cortos a este ser que bajo el chavismo, se graduó de servil Rodilla en Tierra del régimen.


  
   Confieso también que el año pasado, desde el mismo momento en el que el oficialismo decidió  instalar las captahuellas para controlar las compras en los automercados y combatir la "guerra económica", sentí mucha angustia y frustración. Por medio de estos aparatos pretendían controlar algo  que el propio desgobierno había creado con el nefasto y fallido modelo económico cubano. Yo no soportaba la humillación y la falta de respeto que representaba estampar los dedos -a veces todos- sobre estos artilugios como una vulgar delincuente, o lo que es peor: una peligrosa criminal. No podía aceptar que al comprar mis alimentos básicos, incluso un simple café en la sección "Gourmet" del Excelsior Gama o una caja de chicles en una farmacia,  me tildaran de "bachaquero", como llama el oficialismo a quienes se lucran vendiendo -a precios elevadísimos- los rubros que a todos nos hacen falta: papel tualé, leche, harina pan, etc. Para escapar a esta humillación, evité comprar en los automercados que hubieran instalado este odioso sistema biométrico. Sólo cuando mi salud me lo suplicaba, acudía a una farmacia a buscar una medicina, aunque sabía de antemano que la respuesta era "No hay".

   Sin embargo, después del maravilloso día de nuestra victoria electoral en las Elecciones Parlamentarias del 6D, ocurrió un hecho que me sorprendió bastante. Experimenté una transformación en mi forma de pensar y de sentir respecto a este sistema biométrico que  nunca imaginé. Pero continuemos. Esa noche me fui a la cama feliz, me dormí como dijo alguien del desgobierno: "como un bebé" y noté que al día siguiente me levanté distinta. Había sufrido una metamorfosis. Pero a diferencia del personaje de Kafka que amaneció convertido en insecto, mi cuerpo  - gracias a Dios, humano - saltó de la cama ligero y sin preocupaciones. Como otro insecto si, pero una mariposa.

     
     Entonces, temprano en la mañana, me decidí a entrar al supermercado, adonde hacía meses no iba, para no utilizar las captahuellas. No se si me impulsó mi ánimo, que todavía saboreando  las mieles de la victoria, me hacía ver todo diferente. Recorrí feliz los estantes y compré lo  poco que encontré. Entonces, cuando fui a pagar los productos en la caja, y cuando la chica me pidió que pusiera los pulgares en la captahuellas,  me sorprendí a mí misma. Esta vez no tuve inconvenientes y los puse encantada, diríase que hasta divertida. Para mi total asombro,  ya no veía los odiados aparatos como terribles tanques de guerra en miniatura. ¿Qué me pasaba? Ahora  ellos se me antojaban ridículos artefactos que ahora me causaban gracia, me hacían reír. Y descubrí algo que no había visto antes: las captahuellas  en aquel momento, se habían convertido a mis ojos  en insectos: sólo  moscas impertinentes, molestas, rojas rojitas e inofensivas, que al tocarlas, se espantaban, alzaban el vuelo acobardadas, atemorizadas.  Nada más.



















Caracas, 5 de enero de 2016

 IMAGENES: WEB






sábado, 24 de octubre de 2015

¡ ADIOS, CANDIDATOS!



        La vegetación,  acunada por el viento, me saluda a través de mi ventana. Es verde como la esperanza que necesito a gritos, porque la desesperanza hace presa de mí. Anoche, o esta mañana, no importa, tuve sueños de pesadilla.  Ayer, perdí otra vez, perdimos muchos al ver deshechas nuestra  expectativas  de vivir en un mundo mejor, pero no como lo veía Aldous Huxley, sino como lo deseamos los venezolanos: sin la nefasta influencia de un Fidel Castro;  con oportunidades de empleo; con el resurgir de nuevas empresas; con la visita y  hospedaje de nuevas inversiones; con la construcción de  nuevos hospitales , y con la RECONSTRUCCION DE VARGAS, sobre todo, entre muchísimas otras necesidades que tenemos. 

     Al despertar de mis pesadillas, decidí hablar con Jesús. Le dije que no   lo entendía. Le abrí mi corazón de la misma forma que El muestra el suyo. Muchas desilusiones lo tenían también adolorido. Muchas carencias lo poblaban.  Le expliqué que comprendía que no era yo –después de la tragedia de Vargas- quien podía sentirse tan desdichada, pero al mismo tiempo, mis sentimientos afloraban adoloridos ante Su Presencia y esto no lo podía  cambiar ¿Por qué las ausencias? ¿Adónde se iban las esperanzas, si ellas se escapaban sin anunciarlo en días lluviosos o soleados? Lo miré largamente...!

      Hay que tener Fe! Parecía  decirme, como me aconsejó  una vez un amigo... Pero tengo que buscarla nuevamente, porque se me ha perdido, y se ha escondido en algún lugar de mi casa, de mi país o del mundo, desconocido... para mí. 





IMAGENES: WEB 

Caracas, crónica escrita luego de la Elecciones Presidenciales de Venezuela de 2006.




lunes, 21 de septiembre de 2015

EL VENDEDOR AMBULANTE DE REVISTAS DE SABANA GRANDE

                                                                                                     
                                                         IMAGEN: WEB

       Por variadas razones continúo yendo  a Sabana Grande, a pesar de que dista muchísimo de ser el lugar alegre y bonito de años atrás, cuando ni la escasez ni la inflación paseaban por el Boulevard. Ellas mismas se hubieran asustado al ver la variedad de artículos en las tiendas y lo barato de los precios, si lo hubieran visitado años atrás. También el asombro las hubiese parado en seco al ver la iluminación de las calles producidas por los mismos nombres de las tiendas. Por aquel entonces, dos décadas atrás, los habitantes caminaban sonrientes y despreocupados por todas las calles caraqueñas. Esa actitud también iluminaba el sector. No eran necesarios los paraguas de colores en el centro de sus calles, como ahora, para disimular el terrible malestar de quienes lo visitamos.Bastaba con las luces de los carros de noche y los letreros iluminados de las tiendas.

 Hoy casi  nadie ve los paraguas  cuando se iluminan, pues lo hacen a las seis de la tarde, hora en la que cada transeúnte corre al Metro o a la camionetica a resguardarse en sus hogares por miedo al hampa, que pone en peligro, no sólo sus enseres, sino su propia vida. 
IMAGEN: WEB
                                                   
     Y no es que los ladrones no existieran en esa época, pues siempre los ha habido, pero la población estaba tan contenta y conseguía de todo, que hasta el hampa no sentía la necesidad de proveerse como hoy, cuando todo falta, hasta "el pan de cada día" de la oración bíblica. Y como este santo alimento ya no visita los estómagos de muchos de nosotros, existen muchas maneras de buscarlo a él o a la arepa hoy también casi desaparecida. En la actualidad están prohibidos los buhoneros en Sabana Grande, sin embargo, no escapan los puestos de ventas de granjería, como en el pasado, ni de tajadas de mango y piña, como hoy. Los puestos de alquiler de teléfonos celulares para hacer llamadas es algo nuevo que va con los tiempos. Lo mismo las chicas que ofrecen muestras de dibujos en las uñas, muchas de ellas  para uñas acrílicas y larguísimas como para embellecer a las brujas de los cuentos. Gracias a Dios no han desaparecido los conocidos kioskos en los que sus dueños ofrecen, además de revistas y periódicos, también conservitas de coco, leche y plátano, además de otras chucherías, pero a precios tan elevados jamás antes conocidos, incluso en las chucherías.


     Mientras caminaba por la antigua Calle Real de Sabana Grande, observaba las obras de arte, los paraguas, y el parque de diversiones para niños - alivio del espantoso malestar  instalado por el Socialismo del Siglo XXI, a través de Pdvsa La Estancia. Y esto, para simular una falsa alegría, al igual que una vez hicieron los nazis,- De pronto me abordó en la acera un señor de barba larga y cana, al igual que su pelo. Sus facciones finas me sugirieron historias y aventuras interesantes, incluso amorosas. Y la vestimenta que portaba me sugería los momentos difíciles que vivía su dueño, quien también llevaba un morral viejo, lleno de revistas usadas. Se trataba de otro más de los vendedores ambulantes que transitan el bulevar en estos días tan precarios.

     -Ilústrese, amiga mía, con los artículos de interesantes revistas- me dijo al acercarse mostrándome una de ellas.
     Observé de lejos la que me enseñaba y también varias que llevaba en la otra mano. Quise ver las revistas usadas desplegadas, pero me insistió en que comprara la que me estaba mostrando.

     -Llévese por cien bolívares ésta que le va a ser muy útil y la informará de los aconteceres del mundo.- Y casi me la puso ante los ojos.

     -¿ Y estas otras, puedo verlas?- Pregunté por no dejar de hacerlo, como dicen.
     - No, señora, ésta que le ofrezco es la mejor de las que tengo. Llévesela, que no se arrepentirá.- insistió el viejo vendedor callejero.
     Entonces tomé la publicación que me ofrecía y se la pagué. Cuando levanté la mirada ya el vendedor se había perdido entre la gente. Apenas sí reparé en la revista y, apurada, porque se me hacía tarde, la guardé en una de las bolsas de compras que llevaba. Al llegar a casa comencé a hojearla, y descubrí que el comerciante tenía razón. Se trataba de "redes para la ciencia". La revista de divulgación de Eduardo Punset. NUMERO ESPECIAL CREATIVIDAD. Busqué el año y tras mucho hurgar en la publicación encontré que era de 2012. En temas científicos tenía muchos años de atraso. ¡Si ya lo traen en el momento de ver la luz! Sin embargo, el número que había comprado tenía temas interesantes que no cambian de un día para el otro, a mi modo de ver, como es el tema de la Creatividad. Además, éste, como cualquier otro tópico, siempre se puede seguir por Internet.

   Abrí la página 34 y vi el "Dossier ESPECIAL CREATIVIDAD. SER CREATIVO ES UN PROCESO, PERO NO UN DON. CUALQUIERA PUEDE POTENCIARLO Y NUNCA ES TARDE..." Y así continuaba "REDES" con muchos artículos de interés para mí, justo en ese momento en el que me interesaba todo tema que tuviese que ver con la creatividad, con escribir y dibujar.

     Mi pregunta es ¿Por qué el vendedor ambulante de revistas de Sabana Grande se dirigió a mí con tanto empeño de que comprara sólo esa revista y no otra de las que llevaba, justo en unos días en los que me encontraba pensando en mejorar un trabajo que requería de mucha creatividad? ¿Por qué?


Caracas, 15 de agosto de 2015.





miércoles, 6 de mayo de 2015

HENNING MANKELL: LA QUINTA MUJER


                                                      El escritor sueco
   
     El género policial siempre me ha llamado la atención. Me gusta ver películas y series de televisión basados en casos de la vida real en los que los detectives desarrollan la investigación hasta encontrar al culpable para que la Justicia lo castigue, pues los crímenes jamás deben quedar impunes. Y me encanta leer, por supuesto, a los escritores que siguen este género policial: Arthur Conan Doyle, Agatha Christie, George Simenon y tantos otros que desvelan mi sueño. Quizás este gusto por las historias policiales tiene su origen,  cuando en mi infancia, mi tío Ango -abogado, y juez en una oportunidad- nos reunía a sus hijos y sobrinos para relatarnos  estas fascinantes historias de suspenso.

      Siempre han existido este tipo de literatura, pero en los últimos años he visto surgir una serie de autores suecos que le dan realce al género negro. Entre los que he leído hace poco se cuentan: Stieg Larsson, Asa Larsson y Henning Winkel. Imaginaba que en Suecia, por ser un país muy organizado, el índice de criminalidad no era tan alto como en otros países del hemisferio. Craso error. Por más que las redes nos informen de lo que ocurre en el mundo, pienso que  uno sólo se percata de lo que sucede en su propio país o en entornos  más próximos, más cercanos.

  El primer libro que  me hizo comprender mi error fue "Los hombres que no amaban a las mujeres, de Stieg Larsson, donde el crimen y la corrupción financiera pululan como en cualquier  otra parte del globo. Luego leí Aurora Boreal de Asa Larsson, en el que su historia da cuenta de sucesos horripilantes. Todos ellos obedecen a los pecados capitales que comete la Humanidad desde que ésta existe.  Ahora sumo a mi experiencia en la lectura de la literatura negra sueca, a Henning Mankell con su última novela "LA QUINTA MUJER". Este libro me atrapó desde el principio. Su estilo fluído, natural y de tremenda acción, lo encontré estupendo. 

     Creo que vale la pena transcribir aquí  el comentario que de LA QUINTA MUJER hace la editorial Quinteto en la contraportada del libro. Dice así:


     "La placidez habitual de la ciudad sueca de Ystad se ve rota cuando, con cierto intervalo de tiempo, tres hombres aparecen salvajemente asesinados. Las víctima llevaban una vida apacible y tranquila, dedicadas a la ornitología, el cultivo de orquídeas y la poesía, lo cual hace aún más incomprensible el casi insoportable sadismo de que han sido objeto. Durante la investigación del caso, Wallander - un detective vulnerable y con aires de antihéroe- descubre que no sólo debe enfrentarse a un asesino de temible inteligencia, sino que éste parece guiarse por un sanguinario y turbio deseo de venganza. Cuando Wallander cree estar por fin tras la buena pista, una serie de atroces descubrimientos en el pasado de las víctima provoca un inesperado vuelco en la investigación."


      Yo sólo puedo agregar que sus 635 páginas me atraparon desde la primera, por lo bien estructurado de la trama. El estilo de Mankel me fascinó. Creo que sus frases telegráficas se avienen con exactitud a un libro de suspenso. También pienso que las repeticiones del nombre del protagonista, en este caso, son válidas. Es como un juego de fútbol, en el que la celeridad de la acción permite nombrar una y otra vez a quien tira o recibe la pelota. De igual forma, a mi modo de ver, así la acción pasa en el libro, de un detective a otro. Los diálogos, abundantes, ayudan al avance de la trama, permitiendo que el café que se ha traído para acompañar la lectura, se enfríe sin más,  casi sin haberlo tocado.


     ¿Y quién es Henning Mankell? 



     He tomado también del libro "LA QUINTA MUJER", los datos biográficos del autor sueco que informa lo siguiente:



"Biografía



Henning Mankel nació en Estocolmo, Suecia, en 1948.

Inició su carrera literaria en los años setenta como dramaturgo. Es autor de cerca de veinte novelas, a las que hay que sumar obras de teatro y narraciones infantiles. Pero lo que sin duda se ha convertido en el autor sueco de referencia es la serie protagonizada por el inspector Wallander , en la que destacan las novelas: Asesinos sin rostro (1991), convertida en una miniserie televisiva de cuatro episodios, considerada la mejor historia policíaca del año por la Academia Sueca de Novela Negra y galardonada con el premio escandinavo LLave de Cristal; Los perros de Riga (1991); llevada al cine y la televisión, La leona blanca (1993), La falsa pista (1995) y La quinta mujer (1996). Henning Mankell es desde hace años uno de los escritores suecos contemporáneos más admirados en su país, y se ha convertido en poco tiempo enuno de los más leídos en toda Europa. Aparte de los libros arriba mencionados, es autor también de Comedia infantil, una extraordinaria novela, ajena por completo al género negro que forma parte de una "serie africana", ambientada en Mozambique, ciudad donde el autor dirige el Teatro Nacional".


     Si, como a mí, les atrae el género policíaco y el estilo de Henning Mankel, pues le invito a leer sus libros. Yo, por mi parte,  trataré de continuar haciéndolo.


Caracas, enero de 2015.
IMAGENES: TOMADAS DE LA WEB


sábado, 17 de enero de 2015

MI LLANTO POR VENEZUELA


     Hoy, al llegar a mi casa, no pude más y me eché a llorar. Venía de pasar casi todo un día en la calle, realizando diligencias en el banco y yendo de un supermercado a otro. En éstos no encontré lo que buscaba, y lo que había -y que antes compraba a precios asequibles- hoy la inflación los hace prohibitivos.

     Pero todo sucedió así. Esta mañana temprano, acompañé a  una de mis hermanas a un banco en Las Mercedes. Estacionamos el carro al frente de esa entidad y yo me quedé fuera del automóvil por medidas de seguridad y para vigilarlo. Como había mucho sol fui a refugiarme bajo una matica de mango, que si bien era baja, su sombra me protegía. Llevaba apenas unos minutos allí, cuando vi pasar corriendo a un hombre por la acera. Las piernas  casi las pegaba a las nalgas, mientras se escuchaban gritos de "¡AGARRENLO, AGARRENLO!"



     En ese momento me escondí tras la mata como pude. Sentí escalofríos, pues pensé que  se producirían disparos. Demás está decir que hoy en día casi todos los hampones van armados en Caracas. Me imaginé en medio de una balacera  con la sola protección de la matica de mango. Gracias a Dios no fue así y el ladrón y los policías se perdieron en sentido contrario al tráfico de la calle. Creo que lo apresaron, porque había poca distancia entre el ladrón y los policías.  Sólo se que mi ritmo cardíaco no disminuyó sino mucho rato después, cuando mi hermana salió del banco y luego nos dirigimos al Centro Comercial Concresa , donde íbamos a  pagar los servicios.

     Después  de almorzar allí nos fuimos al  Supermercado Excelsior Gama de Santa Fe, donde el ambiente me produjo una gran tristeza. Había llegado la leche y la gente hacía cola para comprarla. Sentí un gran cansancio de ver la misma atmósfera enrarecida que he visto desde hace más de un año. Las caras preocupadas -entre ellas, la mía- buscando rubros inútilmente, por los pasillos con los anaqueles vacíos y paradójicamente llenos de carritos casi vacíos en otra cola para pagar. Meses atrás podía tomar fotos de ellos para ilustrar mis crónicas del blog, pero ahora está prohibido hacerlo, so pena de que te detengan.

     Hace algunos años era un placer ir de compras allí. Un verdadero relax. Las hermosas interpretaciones en el piano, ejecutadas por el Oscar Maggi, - ya lamentablemente fallecido- se dejaban escuchar por todo el supermercado. Muchas veces nos parábamos junto a él para verlo tocar. Y también el pianista nos complacía cuando le solicitábamos alguna melodía de nuestra preferencia. Luego, aplaudíamos y continuábamos tranquilos con nuestras compras en aquellos tiempos a precios todavía asequibles. Pero esa atmósfera grata hace más de un año que  ha cambiado. En los últimos meses la gerencia del Gama  ha tratado de volver a poner el ambiente musical, e incluso un pianista algunas veces hace acto de presencia y trata sin lograrlo, distraer nuestras angustiados espíritus.

    Como en otras muchas oportunidades, esta tarde mi hermana y yo salimos del automercado con las manos vacías, pues no encontramos lo que buscábamos, y si  lo hallábamos, a precios impagables. Y en ese eterno peregrinar cotidiano llegamos al Central Madeirense de La Alameda. También allí todo respiraba desolación. La  gente se llevaba dos frascos de champú por persona y desodorantes  sólo para hombres, pues no había para damas. La leche, me contaron, había llegado y las interminables filas de gente desesperada, habían cargado con ella.

     Ya en la cola para pagar, comentábamos -la gente siempre lo hace hermanada en estos momentos difíciles- las vicisitudes que cada uno atraviesa  en su vida como si fuera un largo calvario, bajo el nefasto desgobierno de seres incapaces, ineptos y corruptos. Entonces, una joven nos contó que tenía una niñita de dos años y medio, y que, como no se encontraban pañales ni en las farmacias, ni en los supermercados para su hija, le estaba enseñando a hacer pipí en el baño, para poder guardar los pocos  que le quedaban para utilizarlos durante la noche. Al mismo tiempo lamentaba la situación de las pobres madres que tenían bebés  y carecían de pañales, pues las necesidades de sus hijos eran mayores, debido a que el cambio de pañales de un lactante se hace mínimo siete veces al día.
Foto: MPG



  Todo esto sucede en Venezuela, cuando quien destroza la vida de sus habitantes con políticas económicas equivocadas y calcadas de las cubanas, anda en gira por el mundo con todo su séquito oficialista, con el objetivo, según él "de elevar los precios del petróleo, visitando Rusia, China, Argelia, los países miembros y no miembros de la OPEP como México, además de  realizar un toque técnico en Portugal antes de su regreso a Venezuela. Y, por si fuera poco, en su periplo de casi dos semanas por el globo, le acompañó toda su larga familia, pero en viaje de turismo. Las fotos de la parentela del presidente Nicolás Maduro en viaje de placer -mientras el pueblo venezolano pasa hambre-, se han publicado en los diarios venezolanos, extranjeros y en las redes sociales.

















     Por eso lloré y aún lo hago: de impotencia, de rabia y de dolor al ver a mi Venezuela destrozada por culpa de quienes no les importa el hambre de los venezolanos ni su salud, y en cambio, disfrazan su ineptitud  con falsos negocios y disfrutan de su propia bonanza y placer con  cientos de miles de divisas que se les niega a todo un pueblo. ¡POR ESO LLORO!

Caracas, 16 de enero de 2015.
IMAGENES: WEB


viernes, 7 de noviembre de 2014

EL HOMBRE TRISTE



   "... él permanece en la misma posición, cabizbajo, ..."


     El bullicio de la gente a mediodía me aturde y los precios que veo en las vitrinas no se si me asustan o deprimen. Es posible que los dos hagan estragos en mí. Nunca en mi vida he visto galopar la inflación  con tanta velocidad como en estos últimos meses del año. Los árboles de navidad que exhiben varias de las tiendas del centro comercial, tratan de alegrar con sus luces, sin lograrlo, los meses pre navideños.  El ambiente festivo que se veía y se sentía hace casi dos décadas para esperar la navidad, ya desde septiembre con fiestas y gaitas, quedó enterrado en el cementerio de nuestra memoria. Continúo mi recorrido llena de nostalgia al recordarlo. 

     Para hacer tiempo hasta mi cita médica a las dos de la tarde, entro a la cafetería de Beco, en el Centro Comercial Ciudad Tamanaco y pido un pastelito y un café. Me siento a una mesa ubicada en el único rincón que hay en el local, especie de trinchera entre juguetes. Mientras espero a que me los preparen, veo un lindo parabán de madera  tallada, que ubico al instante entre mi comedor y mi salón de la derecha. Siempre me contenta pensar que, aunque mi apartamento no es grande, he jugado un poco con el espacio y tengo ¡dos salones! El del lado izquierdo no requiere ningún separador, me digo al observarlo y sonrío, pues toda esta decoración no es más que mental. Mi presupuesto navideño  jamás alcanzaría para lujos asiáticos, europeos o criollos de esta naturaleza, en la Venezuela que vivimos, y mucho menos -para mí-, en la Caracas que habito.

     Ya está listo mi café y han calentado mi pastelito, por lo que la chica, desde el mostrador, me hace señas de que pase a retirarlos. En cuanto me siento de nuevo a mi mesa, dispuesta a disfrutar de mi refrigerio, veo que a la de al lado se ha sentado un hombre de edad mediana, justo al frente del parabán tallado de mis sueños.

     Noto que el hombre baja la cabeza. Luce ensimismado. La mano derecha, de dedos muy largos, reposa sobre la superficie del mueble y me llama la atención, que mientras ya yo casi he terminado de comer y de tomar mi café, él permanece, casi en la misma posición de hace rato, cabizbajo, y sin ordenar ni siquiera, un vaso de agua.

     "Qué hombre tan triste", pienso. Me intriga su rigidez. La mano derecha continúa estática y los ojos semicerrados. "Quizás ha tomado alguna medicina que lo mantiene soñoliento", continúo pensando. No sería raro que yo pudiera tener razón al pensarlo, pues la semana pasada en la iglesia, a mi lado estaba una señora que seguía la misa a duras penas, pues se dormía a ratos y parecía que de pronto se desplomaba en mi hombro, durante el sermón. Así que mis sospechas con mi vecino de mesa, no parecían infundadas. Continué observándolo de soslayo, pero seguía casi igual, pues apenas si había movido la mano derecha sobre la mesa.  Observé sus ojos con mucho disimulo y vi que no se le cerraban, los mantenía bajos, pero abiertos. Entonces imaginé que si no era alguna medicina que lo tenía en ese estado pensativo, seguro que habría tenido un problema doméstico con su mujer o con sus hijos. Tampoco se podía descartar una preocupación de trabajo, pero pensé que se trataría más bien de lo primero, pues el trabajo no penetra nuestra alma tanto como los sentimientos. Son preocupaciones muy diferentes que pueden causar tristeza, pero no como las del corazón.

     Entonces di un vistazo a mi reloj pulsera y la hora me indicó que debía darme prisa si quería salir temprano de la clínica, pues las citas médicas eran por orden de llegada. Después de todo, los problemas que viviera mi vecino de mesa no eran de mi incumbencia y, como tenía que resolver los míos, decidí marcharme. Cuando di la vuelta a la mesa para salir, mi curiosidad me sugirió que, con mucha sutileza viera, una vez más antes de salir, al vecino acongojado. Y así lo hice. Pero fue en esa oportunidad cuando, sin más ambages, me detuve en seco para observarlo de frente.

     El hombre triste que durante un buen rato se volvió  el objeto de mi preocupación, se encontraba absorto mirando su teléfono celular que reposaba sobre su muslo derecho, mientras lo manejaba con la  misma habilidad de un adolescente, utilizando sólo ¡La mano izquierda!







Caracas, octubre de 2014 

IMAGENES: WEB 

 Saludos, amigos.


S

lunes, 25 de agosto de 2014

ENTRE FANTASMAS, ESTANFLACION Y BIOMETRIA INFORMATICA


REDOMA DEL BUEN PASTOR, SANTA FE NORTE. CARACAS (Foto: MPG).
       
Ayer, cuando fui a uno de los supermercados cercanos a mi casa en Santa Fe Norte, tuve la extraña sensación de ser un fantasma. Me detuve un momento y me sorprendí aún más, al ver que quienes intentaban hacer compras al igual que yo, también lo parecían. Todos permanecían quietos, silenciosos, a diferencia de días atrás, en los que la gente corría como loca en busca del producto que llegaba, formando larguísimas colas. En ese momento éramos pocos y caminábamos con gran sigilo por los pasillos. Había llegado el aceite vegetal y el encargado de repartir cuatro litros por persona, no dejaba de pregonar, ante la queja de uno de los fantasmas: "Ahora todo, todo es caro: no hay nada barato". Mientras escuchábamos la cantaleta del empleado, aumentábamos nuestra nuestra cautela, más bien nuestro miedo, pues en lugar de caminar, levitábamos. Nos movíamos llevados por el terror de los nuevos precios de productos desaparecidos hasta hacía poco y que ahora regresaban a algunos estantes con precios  casi estanflacionarios, duplicando o triplicando su valor anterior. Otros estantes aparecían rellenos con productos repetidos para dar la impresión de falsa abundancia. 
 Las voces, los lamentos eran apenas audibles, parecían susurros. Los "¡Ohhh...!" y "Ahhh...! formaban un coro espectral:
     -¡Estos precios son prohibitivos... Dios mío! ¿Cómo y qué vamos a hacer con la inflación y tanta escasez? Recuerdo que yo hacía mercado con seiscientos bolívares, luego con mil, de los de antes. Ahora no puedo, pues todo sobrepasa el millón y yo sólo tengo mi pensión.- Dice casi llorosa y angustiada una señora, quien al igual que yo, cuenta sólo con los ahorros que invirtió en el Seguro Social durante su vida laboral.
    -Yo no se adónde quiere llegar el Desgobierno con tanta torpeza administrativa, con tamaña incompetencia -dije mientras me calaba los lentes- Ahora se quiere implementar el absurdo Sistema Biométrico...
    -¿Y cómo es ese sistema?- interrumpe otro de los fantasmas que levitaban por el pasillo, muy asustado.
    -Pues he leído que se trata de una medida para evitar el contrabando de productos...
   -¿Cómo el contrabando? ¿El contrabando de qué, si no tenemos  ni los alimentos y enseres básicos para llevar a nuestras casas, y menos aún con los nuevos precios. Eso es un insulto al pueblo- estalló furiosa una señora que buscaba, sin éxito, Harina Pan para las arepas de sus nietos.
  -Eso mismo digo yo- continúo diciendo-. Me pregunto dónde están los Guardias Nacionales para impedir el tan cacareado contrabando. Ellos siempre se encontraban en las fronteras, cuidándolas, protegiéndolas; pero ahora todos los verdes están en las calles amenazando a los estudiantes ante cualquier intento de "guarimba" -como si no tuviéramos derecho a protestar- o marcando a las personas en las colas de los supermercados, abastos y bodegas como si fueran reses...
    -No, mi doña,- interrumpe un señor, quien atraído por nuestros susurros  alega subiendo el tono y acercándose al grupo fantasmal - Eso del sistema biométrico, o como se llame, no es más, por parte del Desgobierno, que una manera más de imponer el control de lo incontrolable. Quién sabe qué trampa tenderán al pueblo al disfrazar el caos alimentario en el que nos tienen sumidos. Y, además, otra oportunidad de los corruptos enchufados de cocinar guisos enchufados y hacer quesos para llenarse más de lo que ahora están, no contentos de haberse llenado con el negocio de las divisas. En cuanto a los verdes, ellos también son cómplices. ¿Vigilar la frontera? Ni se acuerdan  de su sagrado deber a la hora de saborear los suculentos platos de cocido, o su buena tajada de queso.
    -Yo quisiera saber- comenta el chico de corte de erizo que acompañaba al señor mayor, dejando el carrito a un lado- Sí, yo quisiera saber qué pasaría, si una vez implementado el tal sistema de control informático ocurre un apagón largo de tres horas, o se va la línea como siempre pasa. ¿Acudirían entonces al sistema de control manual de marcar como reses, a quienes se dejen humillar?
CARICATURA DE EDO. (WEB)
    -¡Dios mío, cuándo terminará esta desgracia! Ahora  este desgobierno se dedicará a medir, cuantificar lo poco que uno compra a precios astronómicos. Como si llevar para la casa cuatro rollos de papel tualé fuera contrabando. 
   -¡Ay, señores- intercedí entristecida,- Dios está arriba! Pienso que el desgobierno  está cavando su propia fosa, paletada a paletada. Cada medida errónea del madurazgo contribuye a construir su tumba política.
  -Sí, pero eso puede durar muchos años, medio siglo, como ha sucedido con los Castro en Cuba... Y aquí ya van dieciséis - susurró alguien más.
 -¿Qué quieres que te diga, criatura?- pregunté- Sería terrible perder la esperanza de que este desgobieno nefasto se desmoronará algún día por la casi nula viabilidad política de los regímenes comunistas en estos tiempos. Jamás el Mal triunfa sobre el Bien. Y, como dicen, Dios aprieta, pero no ahorca. Lo que no podemos, ni debemos es quebrarnos. Sería destruirnos nosotros mismos. Se que es difícil soportar esta guerra física y psicológica que el desgobierno implementa para amedrentarnos, para destruirnos. En ese sistema de control biométrico, se disfraza el control comunista. Todo eso viene de los laboratorios cubanos que manejan a los títeres del Desgobierno. Debemos dejar de ser fantasmas y  luchar por ser personas, y actuar como tales.
   
   Entonces, el grupo  de fantasmas se dispersó, pensativo, por los pasillos  del "supermercado". Levitaban, como yo, entre las estanterías  casi vacías. Sin embargo, en medio de mi profundo pesar, algo me hizo aterrizar y logré pisar firme, como un ser humano, aferrándome a mis sueños. "¿Remotos?" -pensé-. "Eso depende de ustedes mismos", me dijo una voz, clara y fuerte. Volteé, para ver quién había hablado. Pero no había nadie. 
   En ese momento reaccioné ante lo que consideré una decisión inconstitucional y me dije que lucharía con todas mis fuerzas en contra del Sistema Biométrico para controlar la compra de alimentos. Esa medida va en contra de mi dignidad. Nadie ejercería su poder sobre mí para cuantificar mis paupérrimas compras mediante una vulgar capta huellas. Nadie me obligará a poner un dedo en ellas para humillarme, y dizque para controlar un contrabando que sólo existe en este régimen corrupto. Nadie. Protestaré, y así como yo,  lo harán miles de venezolanos. Ningún subalterno de los cubanos me obligará a hacer lo que no deseo y va contra mis principios. ¡NINGUNO!

Caracas, agosto de 2014 
IMAGENES: WEB
OTRO AÑO MAS EN SANTA FE NORTE, EN EL QUE TAMBIEN REVERDECE NUESTRA ESPERANZA POR UN FUTURO MEJOR (FOTO: MPG)

martes, 8 de julio de 2014

HOMENAJE AL MAESTRO RENATO CAPRILES POR SU PARTIDA AL CIELO

                                


En el año 1994, Renato Capriles, y Cate, su esposa, me regalaron el precioso disco de Los Melódicos Big Band ¡EL SONIDO DE LA NUEVA ERA! 
Esta producción, "DISCO ESPECIAL INSTRUMENTAL CONMEMORATIVO DE LOS 35 AÑOS DE LA ORQUESTA", contiene doce maravillosas interpretaciones de conocidos músicos internacionales. El número seis, "Big Band (Banda Gigante), corresponde a una composición de una de sus hijas, Iona, en la que demuestra el gran talento musical heredado de su padre, el Maestro Renato Capriles. Entre las doce piezas instrumentales figura otra bella melodía, "Poinciana", de Mat Simon y Bobby Bernier. Esta última me inspiró a escribir el cuento que hoy publico, "Un banco en la plaza", en el que menciono al querido y recordado Maestro Renato Capriles, quien desde esta mañana, habita los Cielos y alegra las Alturas con su maravillosa presencia  y su gran talento musical.

 ¡Paz a su bella alma!
     


                                         EN UN BANCO DE LA PLAZA
   
     Con cierta frecuencia, doña Eugenia solía ir a pasar las tardes a la plaza  Bolívar de El Hatillo. El paseo vespertino, generalmente duraba unas dos horas - luego que ella se desocupaba de los quehaceres domésticos y tomaba el cafecito de la tarde. La mayor parte de las veces la acompañaba una amiga y otras, algún familiar.  Esta vez la había conducido hasta la plaza su hijo mayor, quien la había dejado instalada en uno de los bancos.
 Ella se divertía simplemente viendo pasar la gente. Esta obra de teatro variaba siempre: la ejecución de los músicos de la banda del Municipio, los domingos; la pelea de un chico a quien regañaba una mamá;  la queja suplicante de un enamorado a su chica - o vicerversa - en fín, todo era un constante cambio, una mutación en los días, que la distraía mucho.
            La señora lucía un bonito conjunto de pantalón de hilo verde, muy fresco, que le daba cierto aire juvenil y que, al ponérselo esa tarde, le recordó vagamente su linda figura de otros tiempos. Llevaba también unos mocasines cómodos que aumentaban su bienestar y su buen humor. Completaba  el atuendo, una elegante cartera de cuero marrón, que una vez sentada, colocó en su regazo.
            Ese día, por suerte, además de que  era domingo, se celebraban las fiestas patronales del pueblo, por lo que había música, música especial.  A un extremo de la plaza se había tendido un enorme toldo que albergaba a la Orquesta Los Melódicos,   que  en ese momento, afinaba los instrumentos para iniciar el concierto, bajo la batuta de Renato Capriles, su director.  En los alrededores de la plaza se veían, alineados, unos al lado de los otros, automóviles de diferentes épocas, como acabados de salir de sus respectivas agencias. Muchas personas curioseaban cada detalle de su línea, tomándose fotografías al lado de los autos favoritos, como recuerdo .
            Enriquecían el espectáculo dominical, parejas de diferentes edades y  niños, vestidos a la usanza de principios de siglo, y de las décadas veinte a la actual; todo de acuerdo a los modelos de vehículos que se exhibían. La diferencia de los decenios
anteriores con los años noventa -tanto en la moda, como en el modelo de los automóviles- radicaba en que, por supuesto,  éstos los exhibían sus propios dueños: el público asistente al evento.
            Las calles asfaltadas y pulquérrimas llegaban hasta el confín del pueblo . Allí terminaba la cinta de asfalto y comenzaba  la de tierra que, serpenteando, se perdía entre el  follaje.  La Iglesia del pueblo y las casas remozadas recientemente, dejaban ver sus frentes impecables: unas blancas, azul añil, otras verde. Zócalos en colores fuertemente contrastantes y ventanas adornadas con flores, completaban el atuendo de las casas pueblerinas. Algunas mansiones de arquitectura moderna y alada, mostraban perfiles pétreos y otras, sus fachadas vegetales, que no dejaban ver el ya desvanecido color inicial de sus pinturas.
            Comenzó la música y con ella, también el corazón de doña Eugenia empezó a bailar en su interior, al ritmo de la " Canción India" de Rimsky Korsakoff. A esta pieza  le siguió "Gotas de lluvia caen sobre mi cabeza". - Pero ¿esa música era interpretada por Los Melódicos? - se preguntó la señora-   No era ése el tipo de música al que ella estaba acostumbrada a escucharle a ese grupo musical, excelente  y alegre también, pero distinta: cumbia, salsa, merengues, entre otros ritmos.  Una chica, que tenía dos programas le obsequió  uno y pudo observar que ese día la popular orquesta, bajo la mágica batuta del Maestro Capriles, interpretaba música de banda: "Big Band / El Sonido de la Nueva Era ", rezaba el programa dominical. Entonces, muy feliz doña Eugenia continuó escuchando con deleite los  melodiosos compases...
            Súbitamente,  la interpretación de Poinciana la estremeció, y  una fuerte emoción  sobrecogió su alma.

                                                           
            Esa tarde el Club Florida abrió sus puertas a la fiesta que ofrecían  los estudiantes del San Ignacio de Loyola que se graduaban de Bachilleres. Algunos de ellos luego se inscribirìan en la Universidad Central de Venezuela; estudiarían Ingeniería, Medicina o Leyes y otros entrarían a la Escuela Militar, la Naval o la Aviación.
            Las jovencitas invitadas a la gala, estaban sentadas, casi todas, junto a la piscina, esperando las sacaran a bailar los muchachos asistentes al evento.  Allí estaban María Inés, Enriqueta y Eugenia, tomando sus repectivos refrescos, entre bromas, chistes y vestidos de crepé de china.
 -¿Me permite?
Un joven alto (guapísimo, según confesó después Eugenia, a sus primas), la sacó a bailar . Sus brazos la rodearon y la chica siguió dócilmente el paso marcado por su compañero de baile.
            - Pareces una plumita- fue el comentario inicial de él, mientras se deslizaban por la pista de baile, confudiéndose entre las demás parejas. Ella sólo sonrió. Sentía que volaba en los brazos de su joven compañero.
            Todos obsevaban a la pareja, que magistralmente obedecía los compases de Poinciana Mat Simon de Bobby Bernier. La pieza musical era muy popular en ese entonces, por pertenecer al repertorio de la Banda de Glenn Miller, quien solía presentarla en  gira por Europa, con el noble propósito de levantar el ánimo de los aliados norteamericanos, durante los terribles años de la II Guerra Mundial. Vinieron los aplausos y a ese baile siguió otro, y otro.
            También siguieron los encuentros, tímidos al principios, atrevidos después.

         1941: comenzaba a correr el año por las accidentadas calles del orbe. La guerra continuó su paso destructor en Europa. El luto, con ropajes de banderas, vistió miles de hogares en el Viejo y en el Nuevo Continente: innumerables familias lloraban la pérdida de esposos, hijos y hermanos. La angustia y la escasez cubrió las necesidades del mundo, incluyendo a Venezuela. La tragedia se reseñaba en los diarios matutinos y vespertinos de la época.  El ánimo era otro, diferente a los tiempos de paz. La preocupación era mundial.
            Eugenia tenía sospechas terribles sobre su propias batallas personales: sentía que los amores apasionados con Ignacio, su novio, habían dado su fruto. Estas sospechas fueron confirmadas a los dos meses, cuando después de muchas dudas,  fue a ver al médico.
            Horrorizada ante la perspectiva de  enfrentarse a su familia, luego de saber la noticia de su embarazo, decidió primero hacerlo con su novio. El era el padre;  reponsable como  ella de la situación que vivía. Estaba segura de que él la comprendería, y entre ambos buscarían la solución al problema que hasta ahora enfrentaba ella sola.
Pensó que ya era muy tarde para pensar en arrepentimientos, porque sencillamente ella no estaba arrepentida. Conocer el amor en los brazos de Ignacio había sido lo mejor que le había podido ocurrir; sólo que no se  imaginó que esto podría pasar tan rápido, en sólo un encuentro. Hubiera preferido esperar hasta casarse con él. Pero, bueno, ahora no quedaba otra alternativa: había que enfrentar la situación.
       Se encontraron en la heladería de la Esquina Las Gradillas. Ella, entre las lágrimas que mojaron casi completamente el pañuelo de su novio, le contó lo sucedido. Un nudo se interpuso entre la garganta de Ignacio y las palabras que trataba de decir. Ella lo interrogaba con su mirada húmeda.
            - ¿Y...?
        No hubo respuesta por parte del muchacho de dieciocho años. El terror se reflejaba en su mirada, sin atinar a decir palabra alguna.
          Sólo, minutos  después, eternos para la chica de dieciséis,  él logró preguntarle a su vez:
            - ¿Estás segura de que es mío?  Porque yo no me voy a casar contigo si no estoy seguro de que lo sea.
                                                           
            Eugenia entró en el estudio del padre, sigilosamente: la angustia la invadía.  Don Carlos tenía terminantemente prohibido que se tocara -bajo ningún concepto- el arma que escondía en la gaveta de su escritorio. Esa prohibición  databa de la época del exilio en México. El padre también le había dicho a los muchachos,  con toda sinceridad,  que la calibre 38 estaba allí, sólo para casos de emergencia, de seguridad.  La propia Eugenia, incluso, por ser la hija mayor,  había sido entrenada para utilizarla sólo en casos de extrema necesidad. Y la chica creyó que había llegado el momento.
     Tomó el arma en sus manos y verificó si estaba cargada. Lo estaba. Entonces salió, calle abajo, con el arma en la cartera.
 Hacía poco ella, bajo una crisis de llanto, había dejado a Ignacio en la heladería. No había aceptado la paternidad del niño. Ella sabía que esa tarde él iría al Club Florida. Entonces, pacientemente se apostó detrás de un Buick que se encontraba estacionado diagonalmente, en la acera de enfrente del club y lo esperó. Al rato, apareció el chico por la esquina, en dirección a la puerta del centro recreacional. Al cruzar la esquina quedó de espaldas a la chica, por lo que ella lo llamó  para que le diera el frente y le viera la cara:
        Con la cara congestionada por el llanto, y el cuerpo temblandole, por la decision tomada, apunto al chico con las dos manos.
 Ignacio, aprende a ser hombre.
      El joven, volteó al escuchar la sentencia, que mas bien parecia un grito, y ella apretó el gatillo. Inmediatamente él cayó al suelo, mientras la chica se alejaba, y decía con voz apenas audible, cuando, aturdida todavía por el disparo y la emoción, dejaba caer el arma.
            - !Desgraciado! Eso te lo dejo de recuerdo, para que no vuelvas a dudar, ni de mí, ni de ninguna  otra mujer en tu vida... ¡Que jamás vuelva a verte...!
       Las lágrimas rodaron por las marchitas mejillas de doña Eugenia, tras el recuerdo que le regaló la música, esa linda pieza, Poinciana. Siempre ese recuerdo había vivido ella,  pues su hijo se encargaba  de evocárselo. Pero hoy había sido diferente, quizás por el ambiente festivo: la gente se divertía y  la orquesta sonaba lindo. La reminiscencia cobró vida. Al principio,  doña Eugenia casi sentía rozar en su cuerpo el de la pareja que la conducía entre sus brazos por la pista de baile, mientras los  volantes de su vestido, al compás del baile parecían flotar, dejando ver sus bien formadas piernas,  aquella lejana tarde en el Club Florida.

            - Permiso. ¿Puedo sentarme?-
            Un corpulento señor, se había detenido ante ella.
            Ella, asintió, mientras se limpiaba los ojos. No quería que quedara impresa en su rostro ninguna huella de dolor. Este le pertenecía. Ni aún su marido -  "un alma de Dios",  como sólía describirlo- comprendía, con todo su gran corazón, el dolor sufrido en aquel entonces.
 A José Andrés,  lo conoció cuando fue a consulta . Fue el médico que la atendió en el parto de su hijo mayor. Con él conoció el amor y le dio cinco hijos. Ya todos eran profesionales. El mayor de ellos ingeniero, otros medicos y abogados. La unica hija era pianista y vivia en Viena. Todos estaban casados y los nietos sumaban veinte. La verdad es que la vida de doña Eugenia después de aquel incidente juvenil, había transurrido más bien serena. Dios le habia regalado tranquilidad, despues del mal rato de aquella noche terrible.
            Comenzó nuevamente la música; esta vez otra orquesta, la Sinfónica Juvenil,  interpretó música clásica popular. Los valses venezolanos y vieneses,  entre  otros ritmos musicales,  pusieron notas de alegría a esa tarde dominical.

         Con la música se inició una conversación jovial entre los dos ancianos, quienes, desde el  banco que ocupaban, además de escuchar a  la orquesta, veían cómodamente  la ejecución de los músicos.  Los dos, personas cultas, habían vivido en Europa, viajado mucho, y celebraban con risas la aparentemente afinidad.
            - Y... cómo se llama la señora?
       - ¿Yo? - preguntó riendo y encantada por la compañia de "ese señor tan agradable", como le contaría después a su marido- me dicen "Nena,  Nena de Gutiérrez ¿ y usted?
            - Nacho, señora, Nacho Gar...
No terminó de decir su nombre, porque un hombre de edad mediana interrumpió la conversación .
-          Perdón. mamá, la vengo a buscar .¿ Está lista para irse? Creo que ya termino la funcion, pues la gente está yéndose. ¿La pasó bien ? –
-    Doña Eugenia entonces respondió muy satisfecha:
            !Ay! Sí, hijo. Todo ha sido famoso. He pasado una tarde maravillosa con la compañía de la música y también de este señor tan gentil. Permítanme presentarlos. El es Jesús,  mi hijo mayor.  Y... el señor se llama Nacho...
            Las manos de los dos hombres se unieron en un fuerte apreton de manos.
            Los ancianos se despidieron. Ella se dirigió a su casa, y él a la suya. Mientras se alejaba - también complacido por la tarde compartida con la simpática señora- se apoyaba en el bastón. Caminaba elegantemente, a pesar de arrastrar un poco una de las piernas.  

Myriam Paúl Galindo

Caracas,  27 de Septiembre de 1999